El vasito de helado "bingo" que compré en la proveduría esta tarde.
La cuchara que me dieron junto al mismo.
Las toallas femeninas que utilizo 5 días al mes.
Los cotonetes con los que me limpio las orejas después de la ducha.
La aguja con la cual me sacan sangre una vez cada 2 meses en el laboratorio.
Las servilletas de Aerolíneas Argentinas y los productos de Autotransportes Iselín.
Las maquinitas de afeitar que uso para depilarme las piernas de vez en cuando.
La cámara fotográfica que vi hace una semana en Kodak a una "oferta inigualable".
La bolsa de alimento para gatos que se agotó cuando pedí los dos kilos.
las 27 bolsas de supermercado con las que llegó mi padre a casa.
La botella de Paso de los Toros pomelo que hay dentro de mi heladera.
El envoltorio de un chocolate Milka que acabo de saborear.
Nos estamos haciendo descartables, sin embargo...
Hay sentimientos que no son degradables ni mucho menos, decartables.
1 comentario:
Y la ceniza que queda de la madera quemada, y el humo del sahumerio, y lo que sobra después de prender una vela, y los apuntes del año pasado, y la bombilla tapada, y el papelito del caramelo de chocolate, y los invisibles estirados y que no aprietan, y las poesías que no sirven, y los insultos, y los celos, y los enojos, y las miradas rencorosas, y el desamor, y el desengaño, y los desagradecimientos, y la no valoración de las cosas buenas, y el tiempo que se desperdicia, y las palabras dañiñas...
Publicar un comentario